La maternidad es una vocación

Siete hijos, una madre y un llamado divino

Rachel Jankovic, autora del libro "Tú, ¿Quién? Por qué importas y cómo lidiar con ello", es una mujer que abraza la maternidad como una vocación. Su experiencia como madre de siete le ha permitido reflexionar sobre el verdadero significado de criar hijos, yendo más allá de los estereotipos sociales.

El valor de los niños en una sociedad cambiante

La sociedad actual a menudo relega a los niños a un lugar secundario, valorando las metas personales y el desarrollo profesional por encima de la crianza. Sin embargo, la Biblia nos muestra una perspectiva diferente, reconociendo el valor inherente de los niños y la importancia de su educación.

La maternidad como un don

La maternidad no es un pasatiempo ni una obligación, sino un llamado divino. Las madres cristianas tienen la responsabilidad de criar a sus hijos en el temor de Dios, transmitiendo sus valores y enseñanzas. Al hacerlo, están representando el evangelio, dando testimonio de una vida que valora a los demás por encima de sí mismo.

El sacrificio como imitación de Cristo

Ser madre implica sacrificios. Significa renunciar a deseos personales y poner las necesidades de los hijos por delante. Este acto de sacrificio no es una carga, sino una imitación del propio Cristo, quien dio su vida por nosotros. Al abrazar el sacrificio, las madres cristianas demuestran el verdadero amor y la compasión.

El testimonio de una madre

La maternidad tiene el poder de transformar no solo a los niños, sino también a las madres mismas. Al criar a sus hijos con amor y valores cristianos, las madres pueden guiarlos hacia una vida plena y significativa. Su testimonio es un recordatorio constante del valor de la vida y el poder de la crianza para dar forma a un futuro mejor.

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¿Qué es la maternidad según el texto?

La maternidad es un llamado divino, no una afición o un trabajo de baja categoría.

¿Cómo deben representar las madres cristianas el evangelio?

Defendiendo y valorando a sus hijos en medio de una cultura hostil hacia ellos.

¿Por qué las madres deben seguir el ejemplo de Dios?

Porque Dios ama a los niños y nos manda que los amemos y los eduquemos en su disciplina.

¿Cómo deben las madres vivir el evangelio en su vida diaria?

Sacrificándose por sus hijos en lugares que sólo ellos conocen, anteponiendo su valor al suyo, y criándolos en el ambiente limpio de la vida evangélica.

¿Cuál es el resultado de renunciar a sí mismo por los hijos?

Más alegría, vida y risa en el otro lado de la muerte.

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